Una de las tradiciones más antiguas de Mogarraz se refiere al Cochino de San Antón. Se cuenta también que en una ocasión se le acercó una jabalina con sus jabatos, que estaban ciegos, en actitud de súplica. Antonio curó la ceguera de los animales y desde entonces la madre no se separó de él y le defendió de cualquier alimaña que se acercara —así lo representa el pintor flamenco El Bosco, en la representación existente en el Museo de El Prado, titulado Las tentaciones de san Antonio, 1491—. Pero con el tiempo y por la idea de que el cerdo era un animal impuro se hizo costumbre de representarlo dominando la impureza y por esto le colocaban un cerdo domado a los pies, porque era vencedor de la impureza. Además, en la Edad Media para mantener los hospitales de peregrinos —y en Mogarraz hay uno en la calle del Hospital — soltaban los cerdos por las calles de los poblados, y para que la gente no se los apropiara los pusieron bajo el patrocinio del famoso san Antonio, por lo que corría su fama. En la teología el colocar los animales junto a la figura de un cristiano era decir que esa persona había entrado en la vida bienaventurada, esto es, en el cielo, puesto que dominaba la creación. Esta tradición secular, otrora extendida por todo el orbe cristiano, ha perdurado en algunos pueblos de la Sierra de Francia, donde dicho animal vive en perfecta empatía con los vecinos, que lo alimentan, cuidan y protegen, hasta extremos incomprensibles para el visitante urbanita La preferencia por comer carne de cerdo se remonta a los antiguos pobladores celtas de estas tierras, los vetones, pero, en la Edad Media se manifiesta como una profesión de fe cristiana, frente a la religión musulmana y judía, que prohíbe terminantemente el consumo de los productos del cerdo. De modo que, a manera de insulto, contra los judíos y moros de la España medieval surgen dichos que abundan en el consumo de los excelentes productos porcinos: Hubo seis cosas en la boda de Antón: cerdo, cochino, puerco, marrano, guarro y lechón. Por esta causa, la Iglesia de Roma, patrocina el consumo de la carne de cerdo. De donde procede la tradición de matar un cochino por San Antón, el 17 de enero, y repartir sus productos entre los más necesitados de la parroquia. Poco después, será el Ayuntamiento de Mogarraz quien patrocine y se aproveche del beneficio de la subasta del Cochino de San Antón, según consta en el Archivo Municipal de Mogarraz. Se adquiría un garrapo en el mes de junio, el día 13, festividad de San Antonio de Padua. El señor cura lo bendecía y le ponían un collar de cuero al pescuezo con una esquila. Antes de la Guerra Civil; el collar de cuero se lo hacía y se lo ponía el zapatero de Mogarraz, Horacio de Blas; padre de Gregorio. Pero el Cochino de San Antón crecía. y Horacio de Blas tenía que agrandarle frecuentemente el collar de cuero de la esquila. El cerdo era donación de un vecino, que había hecho una manda. Las mandas son el origen de varias costumbres ancestrales de Mogarraz, entre ellas la del Cochino de San Antón, y la de la Moza de Ánimas. El vecino hacía la manda por haber recibido algún don divino: la curación de un familiar; el éxito en algún negocio; una buena cosecha de aceite; haber regresado sano y salvo de un viaje lejano o simplemente porque la marrana había parido sin daño alguno y tenido numerosos garrapos. Entonces se hacía la manda: dar el Cochino de San Antón. La donación del Cochino de San Antón al Ayuntamiento de Mogarraz era un honor muy grande para el generoso vecino. Tenía preferencia en la manda del garrapo el que hubiera conseguido el favor divino más grande, lo que arbitraba el señor cura párroco de modo inapelable. EL Cochino de San Antón quedaba bajo la advocación de san Antonio Abad, la protección de la Santa Madre Iglesia y la jurisdicción del Ayuntamiento de Mogarraz. No se podía maltratar al cochino, ni darle alimentos ponzoñosos, ni hurtarlo o matarlo, ni siquiera espantarlo, y si se paraba en una puerta o propiedad había que alimentarlo y dejarlo que se solazase a voluntad. Si alguien contraviniese o no observase estos preceptos, perdía la protección de San Antón, y sus animales contraerían toda suerte de males y enfermedades, la esterilidad y la muerte; la maldición de la Iglesia, lo que le acarrearía ponerlo en entredicho y alejado de su seno, y sufriría el peso de la Ley por orden del alcalde, con una multa onerosa. No se conoce que nadie hubiese causado daño o menoscabo alguno al Cochino de San Antón en su dilatada historia. De este modo, mimado por todos los vecinos, el cochino vagaba, cebándose, por las luminosas calles de Mogarraz, durante 7 meses, justo hasta el día 17 de enero, festividad de San Antonio Abad, es decir de San Antón, en que después de la bendición de todos los animales de Mogarraz, el Ayuntamiento subastaba o sorteaba en una rifa solemne y bulliciosa el Cochino de San Antón, que se le entregaba al agraciado por la fortuna, que lo sacrificaba. Su beneficio, el Ayuntamiento, lo destinaba para los actos de la Fiesta Mayor de Nuestra Señora de las Nieve, no, como hacía la Iglesia, para remediar a los más necesitados. Esta tradición continuó viva mientras hubo vecinos en Mogarraz, pero en la década de los 80, la emigración, la diáspora mogarreña, diezmó gravemente la población de nuestra muy noble y leal villa de Mogarraz. En la cultura occidental existe gran admiración por el cerdo. Un personaje relevante en la poesía homérica es la figura del porquerizo. Y es que en la mitología griega el cerdo es un animal privilegiado, un animal sagrado con referencias apasionantes y todo lo relacionado con el cerdo reviste trascendental relevancia. En la antigüedad griega, el porquerizo no es un lacayo encargado de una tarea servil, Eumeo, porquerizo de Ulises, rey de Ítaca es un personaje excelente; una figura mítica que desempeña una tarea regia y privilegiada, mucho más que digna. Y algo semejante ocurre en las leyendas celtas, en el mito de Tristán, porquerizo de Marcos rey de Cornualles. El mismo mago Merlín vive acompañado de varios garrapos, que son sus confidentes. Esta consideración por el cerdo en los mitos europeos, contrasta con el desprecio preventivo que los semitas profesan a tan noble e inteligente animal por los judíos y árabes; hasta el punto de que en la Biblia ni lo menciona, por considerarlo impuro. Es por esto por lo que después de las Cruzadas la cristiandad lo utilizara como referente antisemita pagano, ya que es un alimento prohibido entre los judíos y los musulmanes, enemigos de la cristiandad. Por ello desde el siglo XV se lo asocia a San Antón, San Antonio Abad, al que en 1490, aproximadamente el pintor Flamenco, Hieronymus van Aken Bosch, más conocido por nosotros como ‘El Bosco’, pintor predilecto del rey Felipe II, pinta siempre al santo con un cerdo manso a sus pies. El cerdo es el símbolo de la impureza, en la tradición judía, contrapuesta a la defensa de la pureza en férrea pugna. Por eso, el cuadro, que se conserva en el Museo de El Prado, se titula Las tentaciones de san Antonio Abad. Tentation_de_Saint_Antoine En la historia lejana de Mogarraz, esta tradición evoluciona: comenzó siendo piadosa profesión de fe; alivio de los rigores de la necesidad; recurso de holganza festiva y siempre una cuestión de mandas: la deuda de una promesa escuchada; de una gracia otorgada y correspondida. Pedro García Domínguez Filólogo

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